El turismo de caza, también conocido como turismo cinegético, es básicamente un recorrido y exploración de viajeros y viajeras, por el mundo, con el fin de atrapar animales salvajes en su hábitat natural.

En todo el planeta esta actividad ha mantenido un interés constante, con argumentos en su beneficio, que abarca  desde el aspecto económico, pasando por la historia e incluso la misma preservación de los animales.

Antes de dar una recorrida por estos argumentos es importante considerar que ya sea que se trate de caza mayor o menor (la diferencia la establece el tamaño de la especie), en todos los casos, se habla de acciones legales y permitidas, en todo el globo, pero en forma regulada.

Las leyes se ocupan fundamentalmente cuestiones relacionadas con la conservación de las especies, la seguridad del procedimiento y el cuidado del medio ambiente.

En general, la temporada permitida para realizarla abarca unos pocos meses, responde a lógicas de preservación estudiadas  y requiere de permisos especiales, que deben gestionarse ante la autoridad competente según el país, y cuyos requisitos deben seguirse a la perfección.

Por eso para quienes están interesados en realizar este tipo de ejercicios, se recomienda consultar y asesorarse con expertos en el rubro, como TGB Outfitters, con el fin de asegurar el cumplimiento de las leyes que regulan la práctica de acuerdo al lugar en el que se desarrolla.

Otro aspecto que suelen invocar quienes practican y defienden esta tarea, es que se trata de una actividad impulsada por una intención que lejos de ser una acción lejana a la vida en la naturaleza, pretende acercarse a ella, o por lo menos a su versión más ancestral y tradicional.

Así, las personas que optan por este tipo de turismo, buscan conectarse con los instintos de la humanidad más primitivos y esenciales, que definen y caracterizan al hombre, antes de instalarse en las ciudades, cuando la supervivencia estaba relacionada con luchas muchas veces de igual a igual con otros seres vivos.

Esta clase de sentimientos y experiencias son seguramente la esencia de las motivaciones de los aficionados a esta tarea ancestral. La caza es una acción humana en el sentido más clásico e histórico. Ha formado parte de la naturaleza.

Precisamente esta explicación tiene su continuidad con temas afines a la preservación y el cuidado del ambiente, el equilibrio de la fauna (a través del control de la cantidad de individuos en una zona) y por consiguiente flora, de un determinado ecosistema.

Un ejemplo en este sentido es el ciervo rojo, una especie que fue introducida en la Patagonia argentina desde Europa a principios del siglo XX. Originalmente, se lo introdujo en La Pampa, para luego ser  liberado en 1924 en la zona cordillerana, donde su presencia aumentó, incluso en algunos parajes, en una forma exponencial. En 2003, el Conicet calculó su población en unas 100 mil cabezas aproximadamente.

Por esta razón, algunos especialistas aseguran que dado que su competencia con otras especies ha resultado resistente resultó, en cierto sentido, invasivo con respecto a otras especies autóctonas. En esta línea, la caza realizada en forma regulada y bajo los parámetros legales correctos contribuiría a mantener el equilibrio en las áreas.

Finalmente es importante mencionar el aspecto económica y de negocios de la caza. Ya que la potencialidad y la fuerza de este tipo de turismo también radica en que acompañan e incentivan a otras ramas relacionadas con los viajes.

En esta línea se puede mencionar la oferta de estadías y recorridos por estancias, bosques o áreas específicas relacionadas con las especies; la gastronomía y la visita a espectáculos y propuestas culturales de las diferentes zonas cercanas a las áreas de caza.