Un chapuzón de vida marina
Nuestras costas bonaerenses ofrecen un cambiante mosaico de vida marina, y para descubrirlo te invito a sumergirte en las páginas de Las LEYES del MAR.

Sea que estés en el Partido de la Costa; en los partidos de Villa Gesell o Pinamar; en Mar del Plata o Miramar; en Quequén o Necochea; o incluso en algún otro lugar.

El escribir es cuestión de armar una oración tras otra, tal vez comparable al sucederse de las olas una y otra vez más. En busca de hilvanar historias con principio y final, a medida que avanzo te presento la dinámica dependencia entre las playas, las dunas y los bancos de arena; la vida al ritmo de las mareas, sea en las playas de arena o en rocas costeras; y el mundo de los estuarios, tan ricos en diversidad.

Los innumerables protagonistas experimentan dramas y desafíos que vale la pena contar. Actúan almejas, mejillones, caracoles, cangrejos, tiburones y rayas, peces, tortugas marinas, aves y mamíferos marinos. Entre tantos más.

En definitiva, pretendo aportar a que logres asombrarte con la vida silvestre durante tus visitas al mar. También, a que conozcas y sientas la urgente necesidad de conservar el invalorable mundo natural.


Santiago G. de la Vega
biólogo, ávido de Naturaleza
Las playas, los médanos y los bancos de arena

ES PROBABLE QUE TENGAS tu playa preferida y muchas razones para que así sea. Sin cansarte de admirar, habrás notado que nunca se muestra igual.

Las corrientes, las mareas, y las tormentas cambian las playas para recrearlas con diferentes diseños una y otra vez más. Llegan a reducirse y quedar con marcada pendiente después de fuertes tormentas, ocasiones en que el mar les quita arena que termina por alimentar bancos próximos a la costa. Con el tiempo la arena será transportada en retorno, volviendo la playa a mostrar suave declive. Pasaran tal vez semanas o meses, pero si nada interfiere, la playa podrá recuperarse.
La erosión avanza cuando se va más arena de la que después se deposita, pero es fundamental tener en cuenta todo el proceso para conocer la tendencia. Al decir de un geólogo costero, las playas son comparables a los témpanos: el 90 % de la acción ocurre bajo el agua, en la zona de rompiente. Y como pasa con las masas de hielo, estudiar la porción bajo el agua es más complicado y riesgoso.

Sin muchas vueltas que dar, se puede decir que ningún grano de arena permanece estable entre la costa y el mar. Si consideramos la trayectoria de un grano de arena costero, es probable que la rompiente lo capture y lo transporte hasta alguna playa. Después el viento lo podrá levantar y trasladar. Así, de a millones y en continua dinámica, van formando los médanos o dunas costeras. En definitiva, montículos de arena que el mar y el viento generan en conjunta tarea.
Los médanos más nuevos se mueven con frecuencia según la dirección del viento, y médanos vivos se los ha dado en llamar. En cambio sobre los más antiguos, conocidos como fijos, crece una vegetación baja que evita que el viento los disgregue. Unos y otros absorben el agua de lluvia y la conservan a escasa profundidad, actuando como inmensos depósitos de reserva.
Junto con los bancos de arena y las dunas, las playas integran un terceto que se mantiene por si mismo cuando no hay barreras que interfieran en su dinámica natural. Donde hay acantilados, ellos alimentan a las playas con su erosión, y la descarga de los ríos aporta sedimentos al mar.

Sin duda las playas son un ambiente inestable que cambia y cambia sin cesar. En una escala de tiempo más amplia hay que considerar además la suba o descenso de mares o continentes. En las costas de Buenos Aires el nivel del mar ha estado bajando desde hace cinco mil años. Y cien años hacia el futuro los cálculos pronostican una suba de las aguas marinas de entre 30 y 50 cm en promedio, consecuencia del aumento previsto de entre 1°C y 3°C en la temperatura media del planeta a causa del efecto invernadero. Aún en caso de incrementos menores, habrá zonas más afectadas que otras, y las tormentas se darían con más frecuencia. En todo el mundo, y nuestras costas no están ajenas, se hacen estudios para determinar que zonas son más vulnerables. En la provincia de Buenos Aires lo son la Bahía Samborombón, el estuario de Bahía Blanca y el frente costero del delta del río Colorado.

Volviendo a nuestras actuales playas, la circulación media de las corrientes en las costas de Buenos Aires corre desde el sur hacia el norte. En consecuencia existe un transporte neto de sedimentos en el mismo sentido. Esta deriva litoral mueve mucha arena, toneladas de ella. En playas al norte de Villa Gesel, se estimó un transporte en dirección norte de hasta 700.000 m? de arena al año, volumen similar al de mil piletas de natación de 25 metros de largo. El continuo aporte natural de arena en la zona intermareal sumado a los vientos que soplan sobre la playa favorece el crecimiento general de las dunas en algunos sectores. En Punta Médanos hay dunas de entre 35 y 40 metros de altura. Allí el balance es favorable a la sedimentación y las costas ganan terreno al mar. En otras partes, hay costas que están retrocediendo en forma natural.

Ahora bien, donde surgen barreras que interfieren con el balance de sedimentos, la erosión de las costas avanza y se hace notar cada vez más. Muchas de nuestras actividades hacen las veces de barrera. Es el caso de la urbanización costera, los paredones de piedra sobre los acantilados, las escolleras, espigones y muelles, la excesiva forestación de dunas, y la extracción de arena para la construcción.
Cuando el poder del mar más golpea, encuentra poca diferencia entre los castillos de arena que los chicos levantan en las playas, y las construcciones de los adultos en las costas. Los fuertes huracanes son prueba de ello, y podemos estar agradecidos de no tenerlos en las playas de Buenos Aires.



Vivir entre dos mundos al ritmo de las mareas

UN AMANECER EN LA PLAYA frente a la inmensidad del mar. Con sus sonidos y sus aromas, con su brisa y sus olas, que rompen una y otra vez más.
Un lugar para sentir la calma y la paz, o a veces también, para admirar la fuerza de una tempestad.

Además de las cautivantes sensaciones que percibimos de las costas marinas, ellas son un mundo repleto de vida a explorar. Aquellas expuestas a vientos, olas y corrientes, suelen ofrecer alta concentración de oxígeno y nutrientes, y comida abundante para los animales que filtran el agua del mar. Los organismos que se fijan o adhieren al fondo deben soportar fuertes embates, y quienes no son fijos corren el riesgo de ser desplazados por las aguas. En costas protegidas, alta concentración de partículas en suspensión llega a causar problemas en el respirar y comer de los animales filtradores. Por otra parte, el agua en movimiento es una gran ayuda para dispersar larvas, millones de ellas.

Entre la línea de marea alta y marea baja los cambios son drásticos de verdad. Además de tener que encontrar sustento, evitar que se los coman y lograr reproducirse, los organismos deben allí superar la fuerza de la rompiente y los riesgos de la desecación.
En costas que quedan sin agua durante la bajamar, la sucesión de día y noche implica el cambio de temperatura, luz y humedad. Con el paso de las estaciones, algunas variaciones se notan aún más.
Durante la marea baja, las algas no pueden captar anhídrido carbónico, ni nutrientes inorgánicos para la fotosíntesis, y muchas quedan expuestas a intensa radiación solar. Los animales, por su parte, no están en condiciones de emplear sus branquias para respirar, ni filtrar para comer.
En costas rocosas, los piletones o pozas de marea son una alternativa a aprovechar. Aunque la evaporación o lluvias intensas cambian la salinidad de sus aguas, afectando la regulación interna de los líquidos de muchos organismos. Además, el agua de las pozas de marea puede superar los 40 ºC durante las horas de más calor estival. Entran en juego también los predadores alados, como las aves playeras. Su diversidad de picos es una clara muestra de sus especializaciones para atrapar diferentes presas.



Los Tiburones

Los tiburones y las rayas son Elasmobranquios, exitoso grupo de larga y compleja historia evolutiva, con unas 400 especies vivientes en el mundo. Tienen esqueleto de cartílago, material muy resistente y liviano. Una consecuencia es que requieren menos energía que los peces óseos para desplazarse.
Entre los tiburones, los hay adaptados a predar sobre pulpos y calamares, sobre crustáceos, o sobre presas de valvas o caparazón duro, como caracoles, bivalvos y erizos. Unos pocos se alimentan de plancton, como el tiburón ballena, y algunos predan sobre mamíferos marinos, como el tiburón blanco, y el tiburón tigre.
La fertilización de los Elasmobranquios siempre es interna. Hay especies que ponen huevos y otras que tienen crías, con un amplio rango de variaciones, y no ofrecen cuidado a sus crías. Las especies que ponen huevos en general no son muy grandes y viven con cierta asociación al fondo. Es el caso de las rayas y algunos tiburones. Los huevos fertilizados quedan incluídos en una gruesa cápsula con filamentos. Al ser liberada cerca del fondo tiene posibilidades de fijarse a un sustrato como rocas u algas, mientras los embriones crecen en su interior durante varias semanas. En tus caminatas por la playa podés llegar a encontrar cápsulas que hayan sido dejadas por las olas.
Alrededor del 60 % de los Elasmobranquios dan a luz crías. En su mayoría tienen huevos que se desarrollan dentro de la hembra. En los más especializados se forma una pseudoplacenta, con semejanza a la placenta de los mamíferos. Se trata de una membrana fetal que mantiene conexión con tejidos maternos, permitiendo brindar nutrientes disueltos y oxígeno y eliminar los desechos del embrión. La mayoría de los tiburones nacen en condiciones de nadar y cazar por sus propios medios.
¿Qué tienen en común elefantes, ballenas, albatros y tiburones?

Casi todos crecen despacio, tienen maduración sexual tardía, larga gestación, pocas crías, y larga vida. Estrategias adecuadas para ambientes estables y poco cambiantes. La vulnerabilidad y lenta recuperación de poblaciones de elefantes y ballenas ha sido reconocida desde hace décadas, y muchas lecciones se aprendieron en pos de su conservación. La mayoría de los albatros, petreles y tiburones también son grupos muy vulnerables a la muerte intencional o accidental que les causa el hombre. Un gran riesgo para los tiburones son las pesquerías que capturan varias especies de peces: el recurso más abundante puede no disminuir, y sin caer la presión de pesca, declinan las especies más vulnerables. La destrucción de ambientes costeros de reproducción es otra de las amenazas. Para el pez guitarra y el pez torpedo se han comprobado reducciones de más del 70 % de su abundancia, y el pez gallo y el cazón también disminuyeron mucho, en especial en la costa uruguaya y al norte de Buenos Aires.
Frente a las costas de Buenos Aires y hasta los 50 m de profundidad, viven por lo menos 34 especies de Elasmobranquios. Se considera el grupo de peces menos conocido en el área, tanto en aspectos de su biología, como en el nivel de sus poblaciones. Algunos de ellos son:


El Cazón

De amplia distribución, nada en aguas de Australia, Nueva Zelanda, y en costas del Pacífico y del Atlántico de América del Sur. En el Atlántico Sur se lo encuentra hasta los 200 m de profundidad, entre Río Grande del Sur y la latitud de Puerto Deseado, en Santa Cruz. En esta área habría una única población reproductiva, con migraciones estacionales.
La hembra es un poco más grande que el macho, con registros de hasta 1,55 m de longitud. Su cabeza y hocico son prominentes, y tiene varias hileras de dientes cortantes, si bien una sola es funcional. La base de su dieta son pequeños peces del fondo como testolines, y peces pelágicos como el pejerrey, la anchoita y la palometa moteada. Con menos frecuencia comen calamar, pulpo y langostino.
Hay registros de ejemplares con más de 40 años de vida. Los machos alcanzan su primera madurez a los 10 años, y las hembras a los 14 años. Tienen crías cada tres años, con doce meses de gestación. En promedio dan 23 embriones, aunque hay casos de casi el doble.


El Gatuzo

Habita entre Río de Janeiro y el sur del Golfo San Jorge, en Santa Cruz, encontrándose hasta los 120 m de profundidad en su zona austral. Su largo máximo es de 94 cm, y la hembra es más grande que el macho.
Tienen un hocico corto y su dentadura está adaptada para triturar y comer organismos que viven cerca del fondo, como cangrejos y poliquetos. Además captura peces chicos como anchoita, palometa, pescadilla, merluza juvenil, brótola, testolín y lenguados, y también camarones y pulpitos.
Las hembras tienen sus crías entre noviembre y diciembre, y poco después pueden ser fecundadas. La Bahía de Samborombón y la zona de El Rincón son sus áreas de crianza conocidas en Buenos Aires. Dan de 2 a 13 embriones, aunque 4 es lo más frecuente. Tras la reproducción, se juntan en grupos pequeños dominando machos o hembras.


El Tiburón espinoso

Es considerado el tiburón más abundante y de distribución más amplia en aguas templadas y templado-frías de ambos hemisferios, aunque la sobrepesca redujo sus poblaciones en forma notable en el Hemisferio Norte. En el Atlántico Sur se distribuye desde la costa uruguaya hasta la latitud de Tierra del Fuego, y a profundidades variables entre 20 y más de 200 metros.
La hembra es un poco más grande que el macho, promediando los 88 cm.
Su dieta cambia con la talla dominando la anchoita, la merluza común, medusas, pulpitos, calamares, poliquetos, y diversos crustáceos. Con registros de hasta 70 años de vida, se cuenta entre los tiburones más longevos. La hembra puede necesitar hasta 24 años para su maduración sexual, lapso similar al del Elefante de la India. Su gestación de 18 a 24 meses es una de los más largas que se conocen entre los vertebrados. En nuestras aguas hay registros de hasta once embriones.


El Tiburón escalandrún

Con distribución en aguas costeras de mares templados y tropicales, es escaso en el Mar Argentino. Está considerado en peligro para el Atlántico Sudoccidental, según la Lista Roja de la IUCN. Hay registros de ejemplares de hasta 3,2 m de largo y 290 kilogramos de peso, pero la mayoría ronda entre 1,8 m y 2,7 m de longitud.
Diversos peces integran su dieta, y pueden cooperar para capturarlos. Su gestación se extiende entre 9 y 12 meses. A la mitad del período los embriones adquieren dientes precoces y capacidad de nadar. A partir de entonces los más fuertes atacan y comen a los embriones más débiles como una forma de obtener sustento. Único caso conocido de canibalismo en el Reino Animal en tan temprana etapa de la vida. Con esta drástica estrategia nacen sólo dos crías de buen tamaño, una por útero.


Fuente: Santiago G. de la Vega, 2005. La Costa de Buenos Aires, las Leyes del Mar. Contacto Silvestre Ediciones.
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