Selva Misionera, Parque Nacional Iguazú
Señales de colores

Las mariposas Morpho de
brillantes azules metálicos son
una de las manifestaciones de
vida más hermosas y coloridas
de los Circuitos de Cataratas.
Las Heliconius por otra parte
nos atraen con sus llamativa combinación de rojo-anaranjado
con negro, amarillo o blanco.


Pero si la selva es un mundo
lleno de predadores que acechan,
¿por qué serán tan llamativas estas mariposas?
Parece una invitación abierta a que se las coman. Ambos grupos de mariposas mencionados tienen especies distribuídas por Centro y Sudamérica. Ya naturalistas del siglo pasado como Henry Bates en sus recorridos del Amazonas y Thomas Belt en sus experiencias por Nicaragua, hicieron observaciones sobre el significado de los colores. Pueden representar señales de advertencia, una nueva muestra de evolución conjunta, en este caso en la relación predador-presa.

Las mariposas Heliconius se alimentan casi en forma exclusiva de polen y néctar de las flores de Passiflora (género de plantas a las que pertenece por ejemplo nuestra enredadera Mburucuyá o Pasionaria). Estas plantas producen sustancias de las que deriva el cianuro para protegerse de los insectos herbívoros.
Pero las Heliconius lo pueden procesar. Sus orugas lo ingieren al comer las hojas y sintetizan su propio veneno, mientras que las mariposas adultas lo obtendrían a partir del polen.

El predador desprevenido con capacidad de aprendizaje (como las aves) que capture una de estas mariposas sabrá que no debe intentarlo nuevamente. Recordará los colores de las Heliconius que actúan como una gran señal luminosa advirtiendo: "no intenten comerme, soy tóxica".

Ahora bien, ¿por qué tendrán colores llamativos (y no imitadores de especies tóxicas) muchas mariposas no venenosas como las Morpho?
En búsqueda de respuestas los biólogos estudiaron cientos de individuos de más de 120 especies de mariposas de Costa Rica con diferentes niveles de toxicidad.
Sus resultados determinaron:
- Las mariposas no venenosas poseen una gran masa de músculos del vuelo y alas muy grandes.
- Sus cuerpos son más pequeños y livianos en relación a los de las mariposas venenosas.

Cuando experimentaron en forma sistemática con aves y mariposas el juego del "gato y el ratón", ¿qué crees que encontraron?
Pues como esperaban, las no venenosas resultaron ágiles voladoras capaces de realizar rápidas maniobras y evadir un buen número de los ataques de las aves.

Las Morpho en vuelo normal parecen lentas y fáciles de atrapar. Pero en situación de peligro, el agresor deberá ser muy rápido para no fallar. El mensaje de colores de estas mariposas diría: "¡Acelero muy rápido, no podrán atraparme!"
En cambio cuando están en reposo con las alas plegadas muestran una coloración de camuflaje.


El Ambay


El Ambay es una de las casi 50 especies del género Cecropia que se distribuyen en Centro y Sudamérica. Pertenece a la Familia Moráceas, como el guapoy. Los Cecropia se cuentan entre los primeras árboles en crecer en los claros que se abren en la selva o en las riberas de arroyos; y tras la acción del hombre, en zonas deforestadas, o a los costados de los caminos. Son especies colonizadoras o pioneras.
En el sector de Cataratas del Parque Nacional Iguazú el Ambay es uno de los árboles más frecuentes.

Tienen el tronco recto con compartimientos huecos separados por tabiques. Se ramifican en lo alto para formar una copa ancha y casi no poseen plantas creciendo sobre su tronco ni lianas colgando. Además no gastan energía ni materia prima en elaborar tóxicos contra los herbívoros (poseen látex, característico en la familia Moráceas).
Sus grandes y aparasoladas hojas necesitan estar expuestas en claros con buena luz. Las flores fecundadas producen un número impresionante de semillas (en algunas especies hasta 900.000 semillas por planta en cada fructificación), dando pequeños frutos en forma frecuente.

¿Nos indican alguna estrategia estas características?
Pues parece ser que toda la energía de estos árboles va destinada a lograr un rápido crecimiento y dispersión, como es propio en las especies colonizadoras.
¡Un ejemplar de Cecropia de una especie tropical creció cinco metros de altura en apenas un año!

Otro de las rasgos notables de los Cecropia es que en su tallo hueco viven hormigas del género Azteca. Las agresivas hormigas protegen su territorio, en este caso el árbol, contra diversos herbívoros como las hormigas podadoras. A cambio obtienen refugio y alimento de los nectarios, unas especies de "glándulas" productoras de néctar situadas en la axila de las hojas.

Pero la gran concentración de hormigas puede representar también un tentador banquete para predadores como los pájaros carpinteros. Además es posible que las hormigas no sean tan eficiente defensa como los tóxicos químicos de las plantas. Por eso en algunos individuos de Cecropia las hojas pueden verse afectadas por herbívoros.

La debilidad de los más fuertes: el Yaguareté y el águila Harpía

El Yaguareté y el águila Harpía son los cazadores más grandes y poderosos de ambientes selváticos de América, uno en la tierra y el otro en el aire. Ambos recorren solitarios amplios territorios en busca de sus presas.

Prácticamente no tienen predadores naturales, son cazadores temibles y eficientes y de primera impresión, todo vertebrado de menor tamaño podría ser buen bocado para ellos.
La Harpía llega a tener una envergadura de alas de dos metros y la hembra pesa hasta 9 kg; es considerada el ave rapaz más poderosa del mundo. Gruesas patas con uñas de hasta 7 cm de largo en sus garras la convierten en un predador capaz de levantar presas de buen tamaño.

Se sabe que atacan a diversos animales sobre los árboles como monos, coatíes, al Oso Melero, perezosos (no presentes actualmente en nuestro país); pero también toman presas en tierra, como a los agutíes.
El Yaguareté, cuyo macho puede llegar a los 100 kilogramos de peso en nuestro territorio, tiene una agilidad y potencia que lo convierten en el único cazador en condiciones de enfrentar al Tapir. Es buen nadador, puede subir a los árboles, y su coloración de camuflaje le permite utilizar el factor sorpresa en muchas de sus cacerías. Su dieta incluye desde pecaríes, corzuelas, coatíes y pacas hasta yacarés y animales más pequeños como peces, aves, lagartos o tortugas, entre tantos otros.

El Yaguareté, cuyo nombre guaraní significa "verdadera fiera", es un auténtico símbolo de la selva Misionera. Las historias y leyendas sobre el gran tigre están en boca de casi todos, aunque pocos lo han visto.
Nada debe provocar tanto temor y respeto en muchas criaturas de la selva como el rugido del tigre y el chillido del águila Harpía.

Sin embargo...

El ser un gran carnívoro tiene sus puntos débiles. Por un lado necesitan amplios territorios y sus "nichos" son menos abundantes que los de un animal pequeño, como un roedor. Así el área del Parque Nacional Iguazú es insuficiente para proteger una población del Yaguareté. Por eso es fundamental el concepto de "corredor biológico" que les permita a este tipo de especies desplazarse por extensos territorios naturales, como áreas naturales lindantes o cercanas entre si.

Y si bien casi no tienen competencia con otras especies, deben competir entre ellos por la obtención de pareja y por la búsqueda de alimento. En poblaciones pequeñas el costo de cada individuo que quede "fuera del sistema" es muy alto. Por ejemplo una hembra infértil, o en años de escasez de alimentos (que se producen por causas ambientales, como sequías) tal vez no encuentren suficiente comida para las crías.

Otro punto es que requieren largo tiempo en llegar a la madurez sexual, y tienen pocas crías. El Yaguareté demora de tres a cuatro años hasta su madurez sexual. La hembra en general pare dos crías después de poco más de tres meses de gestación y si sus crías sobreviven, no se reproducirá al año siguiente.

En estudios en Guyana, se determinó que la Harpía pone uno a dos huevos que incuba durante casi dos meses. Sólo sobrevive un pichón, el que es alimentado durante cinco a seis meses antes de que esté en condiciones de abandonar el nido. Seguirá recibiendo alimento hasta el primer año de vida y a los cuatro o cinco años de edad llegará a la madurez sexual.

Por otra parte, estas especies se convirtieron en blanco fácil desde la llegada del hombre por el hecho de ser animales grandes. La búsqueda de la piel del Yaguareté o la cacería de ambas especies por ser consideradas peligrosas o enemigas de animales domésticos (a lo que se suma la cacería deportiva del Yaguareté), llegaron después.
Pero en especial la disminución de sus áreas naturales las ha puesto en muy poco tiempo en peligro de extinción en nuestro país.

La necesidad de amplios territorios, el tener pocas crías y el lento desarrollo son características comunes para la mayoría de los mamíferos de gran tamaño en el mundo (en especial carnívoros).
Así tigres, rinocerontes, gorilas y otros animales voluminosos están en peligro de extinción.
Por supuesto que su situación crítica ha sido incentivada por la búsqueda directa del hombre hacia ciertas particularidades, como los cuernos de los rinocerontes, los colmillos de los elefantes, o las pieles del Yaguareté.

Pero seguramente en todos los casos la disminución de sus áreas naturales es su gran encrucijada. En los tiempos actuales, todos ellos se han convertido en pacientes de "terapia intensiva". Su destino se definirá con las medidas que ya se están tomando y las que sigan en los próximos años.

El conocimiento científico para el manejo y conservación de muchas de estas especies es escaso y complicado de obtener. Quien investigue sobre el Yaguareté o la Harpía, puede dedicar años de trabajo y observará sólo en poquísimas ocasiones a sus animales de estudio.
Con nuestro tigre por ejemplo, el investigador deberá guiarse por huellas, excrementos, restos de presas, radio transmisores para seguir sus movimientos, o entrevistas con pobladores locales.

Animales muy especializados, como es claro ejemplo en Misiones el Pato Serrucho, también han sido llevados a una situación crítica por la actividad del hombre.

El Yaguareté y grandes águilas como la Harpía representan símbolos de poder y respeto para el habitante de la selva misionera, ya desde los tiempos en que los guaraníes dominaban en estas tierras.
Y para muchos se están convirtiendo de a poco en símbolos de la selva que debemos conservar, incluyendo toda su fauna y flora y los procesos ecológicos que la regulan.

Mientras tanto la superficie de la selva sigue disminuyendo. Y tal vez lo más grave es que como sociedad en conjunto ni tomamos noción real de ello. La vida en la ciudad aporta muchas ventajas, pero sin ninguna duda nos ha desconectado del mundo natural. Se dice que para empezar a tratar de solucionar un problema, primero que nada hay que tener bien planteado justamente cual es el problema.


Fuente: Santiago G. de la Vega, 1999. Iguazú, las Leyes de la Selva, Contacto Silvestre ediciones.

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